La importancia de sembrar plantas nativas

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El monte nativo tiene numerosas bondades. En tiempos prehispánicos los indígenas lo utilizaban como medicina para aliviar sus males, para obtener frutos alimenticios, o para fabricar algún reparo con sus ramas. Los españoles se asombraron de las especies existentes, que siguen siendo sorprendentes en sus usos y virtudes, desde cosméticos a base de Marcela, a tantos y tantos medicamentos naturales que nos da el monte nativo.

“Abundan las razones para preservar a nuestras especies de plantas indígenas o nativas. En un país conformado en su vasta mayoría por inmigrantes, Uruguay ha perdido paulativamente su biodiversidad a cambio de plantas y animales exóticos traídos desde las tierras de nuestros ancestros europeos e incluso aún mucho más lejanas. A ellas se les suma las especies que accidentalmente han sido y continúan siendo introducidas. Debido a que no cuentan con depredadores naturales, han comenzado a invadir en un muy breve lapso los ecosistemas en forma alarmante, ocasionando la extinción de animales y plantas que han poblado este sector del planeta por millones de años.
Por otra parte, parecen existir razones culturales que inducirían a nuestra gente a ignorar o despreciar las especies autóctonas. Los europeos trajeron consigo la intención de modificar el entorno y asemejarlo lo más cercanamente posible a sus antiguos paisajes. Los grandes bosques de coníferas en el Mediterráneo o de robles en Europa central no tenían punto de comparación alguno con nuestros bajos, espinosos y achaparrados montes. A ellos se les agregó el mito que nada que viniese de ellos podría despertar un interés productivo, dado que con la excepción de contadísimas especies, nuestros árboles tienen troncos demasiado retorcidos y de crecimiento extremadamente lento como para confeccionar siquiera un pequeño mueble. Ninguna flora nativa estaría en condiciones de rivalizar con que las que se suele plantar en nuestros jardines y macetas. Solamente existía – y desgraciadamente continúa existiendo – la valorización de ciertos árboles cuya madera los hace ideales para quemarse y mantener largamente encendida una fogata. Me refiero concretamente a la Coronilla (Scutia buxifolia), la cual, a pesar de las laxas leyes proteccionistas su depredación está llevando a la extinción de la especie…”  http://uruguay1.blogspot.com/p/sembremos-mas-plantas-nativas.habatml

A más de un año de iniciado el trabajo de forestación del Cerro Nico Pérez, está bueno reflexionar sobre este tema, preguntándonos si el aporte que hemos hecho y continuamos haciendo es relevante.

Nuestro paisaje autóctono es sin duda hermoso, pero no sé si al contemplarlo, tenemos claramente definido el paisaje que pudieron encontrar aquellos primeros españoles que llegaron a estas latitudes rioplatenses por el siglo XVI, a una tierra que no era lo esperado para ellos, ya que buscaban solamente riquezas minerales.

Debió pasar aún más tiempo para que Hernandarias, en el siglo XVII (1611), se percatara de las riquezas que esta región atesoraba, teniendo la idea feliz de incorporar ganado en ella.

Así describe las riquezas que ve, en una carta que envía al Rey: “Y volví por la tierra adentro viéndola toda (…) (y son) buenas para labores (…) porque se da todo en grande abundancia y fertilidad y buena para todo género de ganados y de muchos arroyos y quebradas y riachuelos cercanos unos a otros y de mucha leña y madera de gran comodidad para edificios y estancias (…)”

Una tierra rica en praderas y plantas leñosas que nos permitió desarrollar un país ganadero que se precia de ser un destacado productor de carnes naturales. Visionario si los hay, fue Hernandarias.

Este paisaje natural fue paulatinamente modificado, con la introducciòn de especies europeas, y más tarde desde otras regiones, desde donde se incorporaron los eucaliptus y pinos que integran hoy nuestro paisaje, e incluso produjeron en las últimas décadas sustanciales cambios (muy cuestionables), con la producción de celulosa.

Junto a éstas y otras especies, llegó el tojo (Ulex europeus), para complicarnos la vida. Una planta “pirófita“, porque según dicen algunos informes, “se enciende como la gasolina”. Y quienes habitamos en Nico Batlle lo sabemos muy bien.

Más allá de los beneficios de contribuir al mantenimiento de nuestra flora autóctona, embelleciendo el Parque, es imprescindible controlar esta especie que invade nuestro Cerro de Nico Pérez, y los alrededores. Si pensamos a futuro, de continuar a este ritmo, la especie arruinará los campos que circundan nuestra población. El buen observador, puede apreciar como va extendiéndose la semilla a zonas cada vez más alejadas, apareciendo plantas aisladas al borde de los caminos vecinales.

 Sería muy beneficioso que los productores no decayeran en el combate a esta especie que impide el aprovechamiento de los campos, arruinándolos por completo. El esfuerzo colectivo y personal,  podría ir manteniendo zonas limpias para evitar la difusión sin control de esta plaga que nos invade.

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